Agroecología
“Sin naturaleza nuestros cuerpos no tienen posibilidad de la vida”
Mié, 29/08/2018 - 13:49

El periodista Leonardo Rossi, autor de Córdoba respira lucha, habló sobre el impacto de los agronegocios y las experiencias de resistencia en la provincia.

 

En el marco de su participación en las II Jornadas de Sociología, desarrolladas en la UNVM durante el mes de agosto, el periodista especializado en problemáticas campesinas e indígenas, Leonardo Rossi, mantuvo un diálogo con esta Secretaría de Comunicación.

 

Durante la entrevista reveló algunos aspectos fundamentales del trabajo de divulgación editado por el sello universitario Eduvim, titulado Córdoba respira lucha, en el que recoge el testimonio de familias, comunidades y organizaciones que resisten el embate de los agronegocios en sus tierras, su economía y su salud.

 

Rossi, actualmente becario doctoral de Conicet, habló además del fracaso del modelo alimentario dominante que arroja a millones de personas a la hambruna, y rescató experiencias alternativas de agroecología y soberanía alimentaria que, sostiene, deben ser visibilizadas y puestas en valor desde las militancias y la academia.

 

- Hace un tiempo editaste un libro con Eduvim, la editorial universitaria, donde trabajaste el tema de los movimientos campesinos en Córdoba. ¿Qué nos podes contar al respecto?

El libro Córdoba respira lucha, editado por Eduvim en 2016, es un trabajo de divulgación periodística sobre los principales, los más notables, impactos del modelo de agronegocios en la provincia, sobre todo lo ocurrido en las últimas décadas: la desforestación, los desmontes, los desalojos a familias campesinas, y el impacto en la salud del uso a gran escala de agroquímicos.
El libro intenta reflejar desde los territorios en las voces de las familias, las organizaciones y comunidades afectadas qué viene pasando, y también los procesos de resistencia a ese modelo. Y sobre el final, para dejar una impresión más esperanzadora, también se apuntan algunas experiencias en torno a la agroecología y soberanía alimentaria.

 

- ¿Cuáles son los modelos que rescatás de resistencia, considerando el brutal avance de la concentración de tierras?

Por un lado, hay un ejemplo histórico que son las comunidades campesinas indígenas, que hay en Córdoba. Por más que hayan sido negadas, muchas veces irrumpen en procesos que académicamente se denominan de reexistencia, que es recuperar esos saberes y ponerlos sobre la mesa, o directamente con sus prácticas cotidianas de producción artesanal de ganados de quesos y de alimentos para sus comunidades.
También los procesos ruri-urbanos de familias jóvenes que intentan volver al campo a producir alimentos sanos entendiendo que hay una disputa política central, y sin duda el incipiente pero potente y esperanzador movimiento en torno a las ferias agroecológicas, que es poner en el centro de las ciudades la discusión de qué comemos, quién produce, verse las caras entre los productores y los consumidores.
Esos son un poco los ejemplos principales que demuestran que hay otras formas de agricultura y que es necesario visibilizarlas, porque también hay una disputa de sentidos, toda una maquinaria que intenta ocultar esas experiencias.

 

- Sin duda el discurso del modelo hegemónico es producir cada vez más, pero considerando la situación actual del país, ¿crees que podría haber un resurgimiento de la vida campesina?

Creo que lo hay y que hay que disputarlo. No va a ser un proceso mágico. Desde el pensamiento crítico y las izquierdas valorarlo, no verlo como algo marginal, utópico, folclórico, sino darle un sentido político y qué importancia tiene cada una de esas familias que está produciendo alimentos de otra manera, y dando la discusión a la falacia de producir alimentos para el mundo.
El modelo alimentario dominante es un fracaso total, se producen desde la década del 80 más alimentos de los necesarios y hay mil millones de personas con hambre (hambrientos) y por otro lado familias concretas produciendo para sus comunidades y sanando la tierra. Es muy clara la contradicción y antagonismo entre un modelo y otro. Ponerlo en la discusión política es una tarea esencial, y sobre todo del campo popular y de las izquierdas que es un debate relegado a segundo o tercer orden.

 

- Dos casos emblemáticos en la provincia de Córdoba fueron la lucha contra la instalación de Monsanto y la pelea por la Ley de Bosques, ¿pudiste indagar al respecto?

Sí, son dos temas que están abordados en el libro, sobre todo el de Monsanto que se trata de una lucha emblemática, y siempre digo que no tomamos la dimensión que ha tenido. Es una referencia en el país, pero también en América Latina y otros lugares del mundo, de un pueblo que se planta frente a la gran transnacional apoyada por el ejecutivo nacional, provincial, municipal, tres espacios partidarios diferenciados pero apoyando la trasnacional, y también el poder judicial. Y un pueblo que se organiza en base a una serie de memorias de lucha logra torcerle el brazo a esta gran multinacional, la principal del agronegocio, hoy en manos de Bayer.

Darle la entidad a eso es parte de la tarea de las militancias y de la academia. Que se puede dar la pelea contra esas empresas. No fue fácil hubo mucha represión directa a través del estado e indirecta a través de la UOCRA. Pero efectivamente la empresa se tuvo que erradicar y quedó con un estigma social muy fuerte, de movilizaciones masivas en la provincia de Córdoba.

Y la lucha por la Ley de Bosques, que si bien trabajo (en el libro) los antecedentes de la fallida ley del año 2010, lo que ocurrió en los últimos dos años en la ciudad de Córdoba con movilizaciones masivas invisibilizadas o minimizadas por los medios de comunicación, me parece un dato político central. Porque en momentos donde pareciera que la única agenda, y con justa razón, es la económica, en contexto de tarifazos, que treinta mil personas se movilicen por los bosques nativos es un dato político que nos abre una puerta para el mundo que necesitamos. En definitiva sin naturaleza nuestros cuerpos no tienen posibilidad de la vida. “Somos el bosque que marcha” era la palabra de esos miles de cuerpos transitando por las calles de Córdoba, nos abre todo un abanico de poder pensarnos desde otro lugar y darle otro sentido a la politicidad de la vida.


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