Valores de nuestra comunidad universitaria
“Tenés que dejar una huella de tu paso por el mundo”
Mié, 27/07/2016 - 09:14

A los 85 años, Olga Carra de Martino se graduó de Licenciada en Lengua y Literatura. Su tesis, un estudio exhaustivo sobre “Fuenteovejuna” de Lope de Vega, le mereció un ocho. La escritora oriunda de Arroyo Cabral es autora de la novela “Henri” (Eduvim) y de “La infancia de mi aldea”, una semblanza cabralense que espera editor.

 

Pelo corto color blanco-platinado, inmensos anteojos de sol y “foulard” con lunares de leopardo. El “look” de Olga Carra es muy similar al de Victoria Ocampo en las viejas tardes de la revista “Sur”. Sin embargo, la escritora cabralense dista mucho de llevar una vida “aristocrática”. Por el contrario, sus últimos años han estado consagrados al sacrificio del estudio. Como si volviera a ser aquella jovencita que a los 20 años emigró de su pueblo para “ser alguien” en la vida. Y (me digo) acaso esa sea la mejor definición de su persona.

 

Son las tres de la tarde y tras los vidrios del aula 2B se puede ver a la estudiante más longeva de la UNVM saludando al tribunal ante el cual ha presentado su tesis. Formado por el doctor Daniel Lasa, la doctora Gloria Vadori y la coordinadora de la carrera Marcela Melana, aquel “triunvirato” sería un lujo en cualquier universidad del país. Pero la tesista sale al pasillo y una lluvia de aplausos la aturde.

 

Allí está su hijo, sus nietas, sus sobrinas, sus amigas del barrio… Y por si fuera poco, también el rector Luis Negretti y el intendente Martín Gill. Tras un abrazo emotivo con cada uno, cuenta que le pusieron “un ocho”. Luego le piden a la flamante licenciada que hable. “Sólo me quedan palabras de agradecimiento. Lo que esta universidad hizo por mí a lo largo de quince años no tiene precio. Así que estoy a disposición para lo que necesiten”.

 

La doctora Vadori la abraza emocionada y el intendente le dice “y ahora, Olga, vamos por el posgrado”.

 

La chica que hacía teatro entre cajones de almacén

- ¿Cómo se le ocurrió estudiar letras a los setenta, Olga?
- Siempre lo quise hacer, sólo que en mi juventud era muy difícil. Yo soy del ´31 y por esa época ir a la universidad era como un sueño. Imagináte que en Cabral no había ni secundario. Hasta venir a estudiar a Villa María era difícil, porque era todo camino de tierra y los ómnibus pasaban muy de vez en cuando.

 

- Sin embargo, su vocación literaria viene de mucho antes…
- Sí. Yo hacía obritas de teatro todos los sábados para mis vecinos en el pueblo. Y como mi papá tenía un almacén de ramos generales, poníamos cajones y hacíamos las sillas y el escenario. A las obras las escribía yo y luego las actuaba con dos amigos. Habré tenido 10 o 12 años. De ahí datan mis primeros escritos.
 

- Usted ha escrito un libro de historias de su pueblo ¿no es así?
- Ese libro que vos decís se llamaba “Historia de pago chico” y lo escribí en el ´90. Pero ahora lo estoy corrigiendo todo. Con decirte que le cambié el título. Ahora es “La infancia de mi aldea”. Ahí rememoro viejas historias de mi pueblo. Me gustaría publicarlo pero tengo que encontrar un editor.
 

- A pesar de su amor por Arroyo Cabral, un día emigró de allí…
- Fue en el año ´52. Yo tenía 20 años y cuando me vine a Villa María, lo primero que hice fue anotarme en el secundario del San Antonio. Yo ya me había casado y a los tres meses quedé embarazada, así que tuve que dejar. Cinco años después quise retomar pero quedé embarazada de nuevo, así que me decidí por el teatro.
 

- ¿En dónde?
- En ese tiempo comenzaba Pilar Monesterolo con el Estable en el Club Sarmiento y me buscó. Estuve 12 años con él, Mansutti, Sponer, Raúl Martínez y el doctor Giacardi. Por ese tiempo terminé el secundario. Y cuando años después vino la universidad a Villa María me dije “¿por qué no me voy a anotar?” Así que pedí los programas y me inscribí. A los 80 me recibí de profe y pensé, “ahora sigo con la Licenciatura. Si la termino, bien; y si no, también. Total nadie me exige nada”. Yo ya estaba sola y viuda ¿Qué tenía para perder?.
 

- Y hoy finalizó ese ciclo…
- Sí, pero te confieso que tenía miedo que me pasara algo en el interin. Hoy siento que he cumplido con una cosa más en la vida. Yo pienso que tenés que dejar una huella de tu paso por el mundo, aunque sea un libro o algún consejo que le puedas dejar a los jóvenes. El mío es que tengan voluntad y que si comienzan algo lo terminen. Aunque sea escalando de a poquito, como se escala una montaña hasta llegar al vértice.
 

- El Intendente le dijo “ahora se viene el posgrado” ¿Lo hará?
- ¡Me encantaría! El problema es que no tengo mucha salud. Tengo una voluntad de acero pero no ando muy bien. Con decirte que el mes que vienen me operan… Igual, haber llegado hasta acá no está nada mal ¿no te parece?.


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