Violencia de género
Aportes para una sociedad igualitaria
Mar, 02/06/2015 - 13:59

Acerca de la movilización nacional convocada bajo la consigna “Ni una menos”, la Secretaría de Comunicación Institucional de la UNVM entrevistó a la doctora Raquel Drovetta (foto), quien se desempeña como docente, investigadora asistente de CONICET y co-coordinadora del grupo de trabajo CLACSO “Feminismos, transformaciones y propuestas alternativas en América Latina y el Caribe”.

 

El Consejo Superior de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), mediante Resolución 82/2015, adhirió y convocó a la marcha “Ni una menos” que se realizó el miércoles 3 de junio en Plaza Centenario, a partir de las 17 horas.

 

En consonancia con sus políticas institucionales de promoción, formación, sensibilización y construcción de prácticas igualitarias, la casa de altos estudios local se suma a esta iniciativa, condenando todo tipo de violencia hacia la mujer y ratificando su compromiso de continuar trabajando activamente en pos de la igualdad de género para construir una sociedad respetuosa de los derechos humanos y de la vida.

 

A continuación, reproducimos la entrevista realizada a Raquel Drovetta, licenciada en Sociología por la UNVM, doctora en Antropología por la UBA, investigadora asistente de CONICET, profesora adjunta de la cátedra “Teoría Social Contemporánea” en la UNVM, directora del proyecto de investigación “Políticas de la sexualidad, una década de cambios en Argentina” del Instituto de Ciencias Sociales de la UNVM y co-coordinadora de un grupo de trabajo CLACSO.

 

- ¿Por qué en la actualidad se visibiliza cada vez más la violencia de género? ¿Siempre existió o se incrementó el número de casos?

- La violencia ejercida contra las mujeres es un tema de larga data. Lo que ocupa la atención de la sociedad actual es la modificación de alguna de las formas de manifestarse de esta violencia. También, a diferencia de hace 10 años atrás, cuando se mataba a trabajadoras sexuales, a lesbianas, personas trans y travestis y otros cuerpos feminizados, no se problematizaba el crimen, por tratarse de personas altamente estigmatizadas y consecuentemente consideradas con menos valor para la sociedad.

Clase y raza/etnia son atributos inseparables del género. Probablemente, lo que también está preocupando a la sociedad es que los crímenes se dirijan hacia “cualquier” mujer, en el sentido de que las víctimas de los últimos años son jóvenes pero también adultas, de clase baja y también clase media, heterosexuales, trabajadoras, estudiantes, madres. Fueron asesinadas en sus hogares, pero también en espacios públicos y en sus trabajos, de día y de noche, por parejas, ex parejas y varones que no eran sus parejas, entre otras múltiples posibilidades.

Esto tira por tierra el estereotipo que aún prevalece acerca de que la violación, la tortura y el asesinato lo sufren quienes ejercían alguna conducta considerada “alejada” de los comportamientos esperados, que no son más que construcciones culturales asentadas sobre un estereotipo acerca de lo que las mujeres “deben y no deben ser”, construcciones generadas y mantenidas por varones y, en muchos casos, reproducidas por las propias mujeres. Y sobre todo, naturalizadas al punto de ser invisibles.

La sociedad se muestra cada vez más compleja y, entre otras cosas, se materializa la expansión de los derechos bajo la democracia, la incorporación de las mujeres al mercado laboral, la demanda de iguales salarios por igual tarea, la re-asignación de roles en la familia, entre otros cambios. Ante esto, hay que observar que entran en tensión los roles de los varones, educados bajo patrones de dominio sobre las mujeres, que ante estos cambios sociales, la independencia, la autonomía que ganan las mujeres, se descubren impotentes para dominar, porque ya no obtienen la obediencia pasiva de las mujeres.

 

- ¿Puede percibirse un efecto multiplicador de la violencia cuando este tema se instala a nivel mediático?

- Depende claramente del tratamiento que los medios le den. Cuando lo que se hace es presentar la vida íntima de las víctimas, cuestionar su comportamiento, su ropa, sus actividades y compañías, tratando de evaluar en qué medida estos factores la hicieron menos o más merecedora de su destino, claramente se está re-victimizando a quien ya es víctima. De esa manera, los medios de comunicación contribuyen a reproducir un mandato social que sostiene que quienes se aparten de una norma, obviamente impuesta desde la perspectiva patriarcal, pagarán las consecuencias.

Pero aún cuando parecería que los medios de comunicación no están hablando de violencia de género, en realidad están contribuyendo a la difusión y propagación de un estereotipo de mujeres y de cuerpo feminizados que no valen, que son objetos expuestos para el consumo, que se puede hacer con ellos lo que se quiera. Eso se observa con sólo prender la televisión, ver novelas, publicidades y programas de entretenimiento.

 

- ¿Las prácticas familiares cotidianas reproducen el machismo? ¿Qué rol asume la escuela?

- Sin duda en ámbito de la familia, pensando específicamente en el modelo hegemónico de la familia tradicional heteronormativa, es un espacio social que encierra y reproduce innumerables desigualdades y donde las hijas e hijos, aún aquellos que son educados bajo el paradigma del amor, crecen con libertades y responsabilidades diferentes entre varones y mujeres. Parece incomodar cuando se cuestiona a esta familia y se evidencia que constituye un ámbito donde no prima simplemente el desinterés y el amor.

Lamentablemente esta construcción cultural no nos permite ver que allí también se construyen escalas valorativas diferenciadas para varones y mujeres, que se observan cotidianamente entre quienes realizan las tareas de cuidado, alimentación y limpieza por ejemplo. Es allí también donde ocurren con frecuencia los abusos sexuales y la violencia verbal, física, económica, entre otras.

Es el vivir en el marco de la cultura democrática, llevado también al interior de una pareja, lo que nos enseña a respetar al otro y percibir como un igual, a acordar, a consensuar. Lo mismo para los hijos e hijas.

En este sentido, la tarea de la escuela es educar en la diversidad pero estos aprendizajes deben ser reforzados y ejercitados hacia el interior de las familias todas y diversas.

 

- ¿De qué manera la Academia ha empezado a generar y producir aportes para el debate de discursos en torno a la violencia de Género?

- La academia también se encuentra atravesada por desigualdades de género. Debe quedar claro que un mayor nivel de educación formal no garantiza el estar libre de sufrir o generar violencia.

Si la sociedad continúa pensando que el problema de la violencia se sitúa en determinadas clases sociales, generalmente bajas, no hace más que invisibilizar que la violencia es un problema transversal a todas las clases.

En el caso específico de la violencia contra la mujer, la academia y la teoría feminista, así como las organizaciones de mujeres y feministas, han hecho y continúan haciendo mucho. La academia se muestra más comprometida con temas cruciales que implican violencia hacia las mujeres y los grupos de la diversidad sexual.

El estudio de las consecuencias del aborto inseguro por ejemplo, el estigma y la persecución a las trabajadoras sexuales, el análisis de los medios de comunicación y su tratamiento del femicidio, entre otras, son líneas de investigación que se están desarrollando en la Universidad y esto implica un cambio importante a nivel de las y los académicos, pero también en términos institucionales. Ya no basta el compromiso individual, se requiere mucho más que eso y la universidad pública debe tener un rol importante en la educación democrática.


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