Ciencias de la Educación
La Educación aún puede hacer un mundo más humano
Mié, 25/07/2012 - 12:49

 
El coordinador de la licenciatura en Ciencias de la Educación de la UNVM, Enrique Bambozzi, habló del espíritu inclusivo de la carrera. También se refirió a los desafíos que debe afrontar el sistema educativo argentino en los tiempos que corren.
 
Si la palabra clave de la carrera de Ciencias de la Educación de la UNVM es “inclusión”; si lo que se espera de sus egresados es que trasciendan el espacio del aula para convertirse en ciudadanos capaces de modificar una realidad desigual; si se busca que los futuros pedagogos conciban la educación como un derecho y no como un privilegio y, si finalmente, se les pide que tengan una mirada integral de la educación partiendo de Latinoamérica; entonces pocos docentes dan de manera tan justa con el perfil humano y profesional como el doctor Enrique Bambozzi para coordinar esta licenciatura.
Oriundo de Bahía Blanca y doctorado en los años ´90 en la Universidad Nacional de Córdoba, Bambozzi realizó su trabajo final sumergiéndose en la obra del pedagogo brasileño Paulo Freire (1921-1997), uno de los referentes fundamentales a la hora de pensar una educación latinoamericana. De hecho, Bambozzi viajó a Brasil para conocer a Freire en sus últimos años de vida e intercambiar ideas.
“Si he tomado a Paulo Freire ha sido como pretexto para pensar desde mí mismo los puntos de vista que compartimos –comenta- Y es que Freire, en su Pedagogía del oprimido, dice que el problema pedagógico básico del mundo es la deshumanización. Y esto sigue siendo así. A tal punto que hoy humanizar es incluir. Y es lo que tomamos como bandera de esta licenciatura”. 
A la hora de hablar sobre el perfil pedagógico que se pretende de sus egresados, Bambozzi comenta que “lo que nosotros queremos, más que graduados que cuelguen el título en la pared, es un grupo de ciudadanos comprometidos con una educación pública de calidad e inclusión. Por eso el eje educación y política es muy importante para nosotros. El gran desafío es que los educadores pensemos que la educación no es un privilegio sino un derecho”.
 
Algunos datos de una carrera con fuerte impacto regional
La Licenciatura en Ciencias de la Educación de la UNVM cuenta con una treintena de alumnos, todos ellos docentes recibidos (que es la condición esencial para inscribirse) y se articula con todos los profesorados de la ciudad. Tiene dos años de duración e incluye la presentación de un trabajo final de grado, una investigación que, al decir de su coordinador, “es un relevamiento de problemáticas en el campo de conocimiento en el que cada alumno se quieran inscribir: pedagógico, psicológico, histórico o filosófico, pero siempre vinculado con la educación. Esta carrera da la posibilidad a los estudiantes de elegir directores de tesis externos a la universidad en el caso de que los temas elegidos no estén cubiertos en el cursado de la carrera”. 
Esto último tiene que ver con algunos intereses que han ido surgiendo en los futuros tesistas, como la Educación en los Pueblos Originarios, un tema que aún no está lo suficientemente desarrollado en la ciudad y que necesita de guías de otras universidades.
Sobre el alcance de la carrera, Babmbozzi es contundente: “esta carrera está impactando fuertemente en las prácticas educativas de Villa María y la región; y esto nos compromete a realizar encuentros con los graduados para que nos digan qué problemas puntuales observan y cómo los están interviniendo”.
En lo que se refiere a la población del alumnado, su coordinador comenta que “cuando se inició la carrera teníamos alumnos con mucha trayectoria que venían para mejorar sus prácticas educativas, pero con el correr del tiempo ese horizonte se amplió, porque esta carrera además permite ocupar cargos ministeriales o directivos. Hoy la mayoría de nuestros estudiantes son recién recibidos y eso es una ventaja, ya que son más permeables a apropiarse de esquemas de conocimientos asociados a la innovación. Esto sostiene la idea de que hay cosas que aún son posibles cambiar y de eso se trata la educación comprometida socialmente”.
 
-¿Qué cree que debería modificarse en la educación argentina?
-Creo que el primer gran desafío es revisar la concepción del sujeto que tenemos en las aulas. Todo nuestro sistema educativo se ha construido en base a la idea de presencialidad y territorialidad; pero hoy en día las tecnologías han cambiado este supuesto. Por eso debemos ver cómo incorporamos la tecnología en la enseñanza pero sin deshumanizar; y ver hasta qué punto un docente “analfabeto digital” puede enseñarle a chicos alfabetizados tecnológicamente. La otra cosa que hay que hacer es sacar del centro de la escena el interés del estudiante y poner el derecho a la educación.
 
-¿Cómo es esto? 
-Si yo pongo en el centro de la escena el interés del chico, corro el riesgo de promover una reproducción social. O sea, que voy a darle al alumno lo mismo que consume fuera de la escuela. Todos sabemos que los estudiantes llegan a la escuela con capitales culturales de origen que la escuela los tiene que respetar pero sobre todo ampliar, no promover. La obligación es mostrarles a los chicos otros discursos. La educación debe construir intencionalmente territorios que el otro pueda habitar.
 
-¿Qué cosas se pueden hacer hoy desde la educación?
-Mirá, yo estudié esta carrera porque siempre sentí que desde la educación se podía cambiar el mundo. Y si bien esto se ha complejizado en los últimos tiempos, sigo creyendo que todavía es posible, que la educación aún puede hacer un mundo más humano como muy pocas disciplinas.
 


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